El coaching es un cajón de sastre
Cuando todo cabe, ya nadie sabe qué se está haciendo En el mundo del coaching se está generando la idea de que, como cada persona llega a una sesión o proceso con una situación distinta, el profesional debería conocer varias corrientes y combinarlas según lo que cada cliente o conversación necesite. A primera vista, la propuesta puede sonar abierta, flexible e incluso prudente porque parece defender una práctica capaz de adaptarse mejor a la complejidad humana. Dicho así, parece razonable. Cada persona llega con una historia, con una forma concreta de estar en su situación, con una tensión que quizá no sabe nombrar todavía, con una decisión que no termina de ordenar o con una dificultad para actuar de otra manera. Nadie llega al coaching como una ficha repetida dentro de un procedimiento idéntico. Hasta ahí no habría demasiado que discutir. El problema aparece cuando de esa evidencia se extrae una conclusión que no se so...