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Entre la no directividad, el espanto y el "principio de rara avis"

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La historia de cómo lle gué al coaching, de lo que fui encontrando por el camino y por qué sigo pensando que no todo lo que se vende como coaching merece llamarse así           La primera vez que escuché la palabra coaching fue allá por el año 2012. Diríamos que por casualidad, aunque no creo mucho en ellas. Una amiga psicóloga me comentó que desde Madrid venía una chica a impartir una formación de coaching, siempre que hubiera un quorum suficiente para que compensara económicamente el traslado y la estancia. Podéis imaginar el final, evidentemente no llegó a realizarse por falta de alumnos.    Aquel primer contacto quedó suspendido en el aire, como quedan algunas cosas que al principio parecen anecdóticas pero después, con el tiempo, descubres que habían dejado una huella. No me puse a buscar desesperadamente qué era aquello, ni me lancé a construir una nueva identidad profesional a golpe de entusiasmo, simplemente se quedó ahí la palabra, la cur...

El coaching es un cajón de sastre

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  Cuando todo cabe, ya nadie sabe qué se está haciendo      En el mundo del coaching se está generando la idea de que, como cada persona llega a una sesión o proceso con una situación distinta, el profesional debería conocer varias corrientes y combinarlas según lo que cada cliente o conversación necesite. A primera vista, la propuesta puede sonar abierta, flexible e incluso prudente porque parece defender una práctica capaz de adaptarse mejor a la complejidad humana.      Dicho así, parece razonable. Cada persona llega con una historia, con una forma concreta de estar en su situación, con una tensión que quizá no sabe nombrar todavía, con una decisión que no termina de ordenar o con una dificultad para actuar de otra manera. Nadie llega al coaching como una ficha repetida dentro de un procedimiento idéntico. Hasta ahí no habría demasiado que discutir.      El problema aparece cuando de esa evidencia se extrae una conclusión que no se so...

El cambio no empieza por donde crees

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       Hay una idea bastante extendida que conviene desmontar cuanto antes y es que el cambio no empieza cuando alguien decide cambiar, ni cuando aparece la motivación, ni siquiera cuando uno tiene la sensación de haberlo visto claro por fin. En realidad, la mayoría de las personas no cambia porque quiera mejorar, sino cuando ya no puede seguir sosteniendo lo que hace y ese matiz, lejos de ser menor, señala el verdadero punto de partida.      Se ha instalado la idea de que cambiar es un acto casi voluntario, una decisión consciente que surge en un momento de claridad, como si bastara con sentarse, evaluar la propia vida y dar un paso en otra dirección.       Sin embargo, la experiencia desmiente esa imagen con bastante crudeza porque la gente ve, sabe e incluso reconoce que algo no encaja y aun así continúa. Continúa en el mismo lugar, haciendo lo mismo y sosteniendo situaciones que han dejado de tener sentido, no por falta de intel...

La popularidad no funda una disciplina

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  No deja de ser revelador que, en un campo tan dado a la mezcla, al préstamo conceptual y a la elasticidad de sus propios límites, una teoría que introduce delimitación, fundamento y método sea recibida con resistencia, simplificación o desprestigio.  La Teoría General del Coaching (TGC) no añade una voz más al ruido del sector: enmarca el coaching desde su marco histórico, sus fundamentos científicos y su metodología operativa. Y precisamente es eso lo que incomoda tanto a quienes llevan años sustituyendo el rigor por la escenificación del fundamento.      Hay momentos en los que un campo queda retratado no por lo mejor que produce, sino por la forma en que reacciona cuando aparece algo que le obliga a mirarse de frente y eso, en buena medida, es lo que ocurre con la Teoría General del Coaching, porque no estamos hablando de una ocurrencia más, ni de un eslogan de escuela, ni de una variante dentro del mercado de las formaciones, sino de una Tesis Doctoral q...

La falsa no directividad: cuando el coach invade con buenos modales

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  Mucha no directividad de cartel, mucha intrusión de fondo      Una de las confusiones más repetidas cuando se habla de coaching no directivo es esta: si el coach no aconseja, no empuja, no interpreta la vida del otro, no le dice lo que le conviene y no le marca el camino, entonces no hace nada. Y dicho así, suena hasta lógico. El problema es que no lo es.    Lo que ocurre es que estamos tan acostumbrados a una idea invasiva de la ayuda, tan acostumbrados a creer que ayudar es intervenir, corregir, orientar, aportar contenido y meter mano en la experiencia ajena... que cuando alguien no hace eso parece que se ha retirado de la escena. Como si solo trabajara el que dirige, el que opina, el que sugiere, el que reformula hasta dejar la conversación a su gusto. Como si la única forma de presencia profesional fuese ocupar espacio.      Y no.    No transferir no es borrarse,  n o es quedarse mudo, no es poner cara de escucha p...