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Una práctica no se convierte en disciplina por repetirse

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  La difusión puede normalizar una práctica y darle apariencia de solidez, sin embargo, solo una teoría capaz de ordenar su conocimiento permite explicar qué hace, sobre qué interviene y desde qué criterio puede considerarse una disciplina. Una práctica puede extenderse durante años, multiplicar sus formaciones, reunir a numerosos profesionales y adquirir una apariencia cada vez más consolidada sin haber respondido todavía a una pregunta elemental:  ¿qué conocimiento ordena realmente esa práctica?. La expansión demuestra que algo se utiliza, se enseña y se reproduce, pero no permite concluir que aquello que se repite posea un fundamento suficiente. Sin embargo, cuando una práctica alcanza cierta popularidad, la familiaridad que genera puede acabar funcionando como una prueba aparente de validez. Se da por sentado que debe de estar bien fundada porque muchas personas la conocen, muchas escuelas la enseñan y muchas entidades la certifican. El razonamiento parece convincent...

Entre la no directividad, el espanto y el "principio de rara avis"

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La historia de cómo lle gué al coaching, de lo que fui encontrando por el camino y por qué sigo pensando que no todo lo que se vende como coaching merece llamarse así           La primera vez que escuché la palabra coaching fue allá por el año 2012. Diríamos que por casualidad, aunque no creo mucho en ellas. Una amiga psicóloga me comentó que desde Madrid venía una chica a impartir una formación de coaching, siempre que hubiera un quorum suficiente para que compensara económicamente el traslado y la estancia. Podéis imaginar el final, evidentemente no llegó a realizarse por falta de alumnos.    Aquel primer contacto quedó suspendido en el aire, como quedan algunas cosas que al principio parecen anecdóticas pero después, con el tiempo, descubres que habían dejado una huella. No me puse a buscar desesperadamente qué era aquello, ni me lancé a construir una nueva identidad profesional a golpe de entusiasmo, simplemente se quedó ahí la palabra, la cur...

El coaching es un cajón de sastre

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  Cuando todo cabe, ya nadie sabe qué se está haciendo      En el mundo del coaching se está generando la idea de que, como cada persona llega a una sesión o proceso con una situación distinta, el profesional debería conocer varias corrientes y combinarlas según lo que cada cliente o conversación necesite. A primera vista, la propuesta puede sonar abierta, flexible e incluso prudente porque parece defender una práctica capaz de adaptarse mejor a la complejidad humana.      Dicho así, parece razonable. Cada persona llega con una historia, con una forma concreta de estar en su situación, con una tensión que quizá no sabe nombrar todavía, con una decisión que no termina de ordenar o con una dificultad para actuar de otra manera. Nadie llega al coaching como una ficha repetida dentro de un procedimiento idéntico. Hasta ahí no habría demasiado que discutir.      El problema aparece cuando de esa evidencia se extrae una conclusión que no se so...