Una práctica no se convierte en disciplina por repetirse
La difusión puede normalizar una práctica y darle apariencia de solidez, sin embargo, solo una teoría capaz de ordenar su conocimiento permite explicar qué hace, sobre qué interviene y desde qué criterio puede considerarse una disciplina. Una práctica puede extenderse durante años, multiplicar sus formaciones, reunir a numerosos profesionales y adquirir una apariencia cada vez más consolidada sin haber respondido todavía a una pregunta elemental: ¿qué conocimiento ordena realmente esa práctica?. La expansión demuestra que algo se utiliza, se enseña y se reproduce, pero no permite concluir que aquello que se repite posea un fundamento suficiente. Sin embargo, cuando una práctica alcanza cierta popularidad, la familiaridad que genera puede acabar funcionando como una prueba aparente de validez. Se da por sentado que debe de estar bien fundada porque muchas personas la conocen, muchas escuelas la enseñan y muchas entidades la certifican. El razonamiento parece convincent...